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Basura electrónica en aumento

22 de Enero de 2021

Los residuos no dejan de crecer, y en este sentido la basura electrónica no supone ninguna excepción.

Cada vez se genera mayor cantidad de E-Waste (basura electrónica), desde ordenadores,   tablets, portátiles, móviles, auriculares, hasta televisores, ventiladores, impresoras, pulseras inteligentes, discos duros, memorias USB… son múltiples y variados los objetos que entran en esta categoría. Tomar conciencia de la utilización y gestión que se lleva a cabo resulta de vital importancia, más cuando se ha dado un aumento del 21% en 5 años (fuente Global E- Waste Monitor 2020 - ONU)

En Europa se llega a producir aproximadamente entre 16 y 17 Kg por persona de basura electrónica,  y aunque parece que cuenta con un programa eficaz de recogida y reciclado frente a otras zonas del mundo, decir que en términos generales únicamente se acaba recuperando un pequeño porcentaje de dichos residuos. Entre muchas razones, en numerosas ocasiones acaban tirados en el contenedor de restos o de basura común, cuando en realidad ese no es su lugar. Debemos de llevarlos a un Punto Limpio, para que así después puedan proceder a continuar con su proceso de reciclaje de manera lo más adecuada posible.

“Casi 50 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en el mundo en 2018, según estimaciones del Fondo Económico Mundial. Solo el 20% se recicló debidamente.”

Son muchos los agentes que intervienen y tienen cierta responsabilidad en cómo y cuánta basura electrónica se genera y que ésta vaya en aumento, desde empresas, instituciones oficiales, administraciones, así como las propias personas consumidoras. Si, nosotros y nosotras también tenemos mucho que ver con ello: cambios de móvil cada poco tiempo a pesar de que el que tenemos funciona, utilizamos pilas desechables en lugar de las recargables, cambiamos una TV que funciona por una de más pulgadas, tiramos a la basura común estos dispositivos (cartuchos de tinta, TV, microondas…) aunque sepamos que no es su lugar, los tiramos a pesar de que se puedan arreglar fácilmente o incluso donarlos a alguien que sí los pueda necesitar, etc. 

Se dice que una de las principales razones por la que la población en general actúa así es porque se ha perdido el concepto de reparación, y las nuevas generaciones se han desarrollado bajo el paradigma del usar y tirar. Por estos motivos, la formación en materia de consumo, la promoción de hábitos más sostenibles y responsables resulta de vital importancia. Sólo así conseguiremos doblegar la curva de los residuos y que éstos comiencen a reducirse. Es el único camino hacia una mejor preservación del entorno.

A continuación os proporcionamos algunos datos de interés que nos harán reflexionar:

  • Un tubo de luz fluorescente puede llegar a contaminar aproximadamente 16.000 litros de agua.

 
  • En estos tubos fluorescentes, así como en monitores, interruptores, baterías de móviles, acumuladores… están presentes materiales como el mercurio, plomo, litio, níquel-cadmio, que son altamente tóxicos y pueden llegar a afectar al sistema nervioso, promover problemas respiratorios, suponer daños en los riñones, irritar los ojos y provocar erupciones en la piel, entre otros riesgos de cierta seriedad. 

  • Una batería de las utilizadas en telefonía móvil puede contaminar hasta 50.000 litros de agua.

  • Hasta 80.000 litros de agua pueden verse contaminados con un único televisor, por todas aquellas sustancias metálicas, plomo y fósforo que contiene.

  • Muchos expertos estiman que hacia el año 2030 serán más de mil millones de toneladas los residuos electrónicos los generados en el Planeta.

 “En el mundo hay 3.000 millones de usuarios de móvil. Si cada uno de ellos reciclase sólo uno, ahorraríamos 240.000 toneladas de materias primas.”

 

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